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Sueño N° 1
23 de diciembre de 2006:
Soy un niño. Estoy en medio de un enorme jardín, en el que comienzan a brotar las primeras flores de la primavera. El Sol se eleva tras las montañas, y un nuevo amanecer despide el largo tiempo invernal.
Un extenso camino bordeado de piedras, se abre ante mí, conduciendo hasta donde las montañas parecieran hablar con las nubes. Con mis pies pequeños, avanzo lentamente, y a mi izquierda un muro gris se levanta. El canto de los pájaros, es un dulce eco que llama a lo lejos. Llego al final de mi sendero, y cuatro grandes y hermosos árboles, más altos que cualquier árbol que haya antes visto, se siguen uno tras otro: un pino, un roble, un álamo y un almendro. Están cubiertos por pequeñas flores, blancas como algodones de nieve.
En un momento, descubro que en mi bolsillo derecho llevo atada una pequeña bolsita con semillas; he sido yo mismo quien hace mucho tiempo, los ha plantado en aquel lugar. Mi alma se desborda de alegría, pues sé que estos árboles representan las cuatro personas que más amo en mi vida: mi papá, mi mamá, mi hermana y mi abuela. Al mismo tiempo, una voz suave dentro de mí, me recuerda que también son el camino a la verdad: el pino representa la fuerza de Dios, y el almendro, la mansedumbre del corazón; mas, no logro comprender el significado de los otros dos árboles, y mi corazón se entristece. Entonces el día parece nublarse, y los pájaros dejan ya de cantar. Me miro a mí mismo, y siendo tan sólo un niño, me siento como un anciano.
Es así como finalmente, levantando mi mirada hacia los cielos, digo estas palabras:
¿Quién sembrará las semillas por mí, cuando ya no esté?
El sueño se desvanece poco a poco...